PABLO Y SUS
LIBROS
“Trae, cuando vengas, el capote que dejé en
Troas en casa de Carpo,
y los libros, mayormente los pergaminos.”
2 Timoteo 4:13.
CHARLES HADDON
SPURGEON,
Echaremos una MIRADA A SUS LIBROS. No sabemos qué tipo de
libros eran, y sólo podemos elaborar conjeturas en cuanto a qué clase de
pergaminos eran. A Pablo le quedaban
unos cuantos libros, tal vez envueltos en el capote,(Abrigo) y Timoteo había de
tener el cuidado de llevárselos.
Incluso un apóstol debe leer. Algunos de nuestros hermanos
ultra calvinistas piensan que un ministro que lee libros y estudia su sermón ha
de ser un muy deplorable espécimen de predicador. Un hombre que sube al
púlpito, y profesa que improvisa su texto, y habla cualquier cantidad de
tonterías, es el ídolo de muchos. Si habla sin premeditación, o pretende
hacerlo, y no presenta nunca lo que llaman un plato de sesos de hombres
muertos, ¡oh, ese es un predicador!
¡Cuán censurados son por el apóstol! ¡Él es inspirado, y sin embargo, necesita libros! ¡Ha estado predicando al menos por
treinta años, y, sin embargo, necesita libros! ¡Tenía una experiencia más vasta que la mayoría de los hombres, y,
sin embargo, necesitaba libros! ¡Había
sido arrebatado al tercer cielo, y había oído palabras inefables que no le es
dado al hombre expresar, y, sin embargo, necesitaba libros! ¡Pablo había escrito la mayor parte del
Nuevo Testamento, y, sin embargo, necesitaba libros!
El apóstol le dice a Timoteo y así le dice a todo predicador:
“Ocúpate en la lectura.” El hombre que nunca lee no será leído
nunca; el que nunca cita no
será citado nunca. El que no
quiere usar los pensamientos de los cerebros de otros hombres, demuestra que no
tiene un cerebro propio.
Lo que es válido en cuanto a los ministros se aplica a todo
nuestro pueblo. Ustedes necesitan
leer. Renuncien todo lo que quieran a la literatura ligera, pero estudien todo lo que sea posible las
sanas obras teológicas, especialmente a los escritores puritanos, y
exposiciones de la Biblia. Estamos muy persuadidos que la mejor manera de ocupar su tiempo
libre, es ya sea leer u orar. Podrían
obtener mucha instrucción de los libros que después podrían usar como una
verdadera arma en el servicio de su Dios y Señor. Pablo clama: “Trae los libros.” Únanse a ese clamor.
Nuestra segunda observación es que el apóstol no se
avergüenza de confesar que él en
verdad lee. Está escribiendo a su joven hijo Timoteo. Ahora, a algunos
viejos predicadores no les gusta decir algo que permita que los jóvenes
conozcan sus secretos. Ellos suponen que deben asumir un aire muy dignificado,
y hacer un misterio de su predicación; pero todo esto es ajeno al espíritu de
veracidad.
Pablo necesita
libros, y no se avergüenza de decirle a Timoteo que los necesita; y Timoteo puede ir y decirle a
Tíquico y a Tito si quisiera; a Pablo no le importa. Pablo es aquí un retrato
de diligencia. Él se encuentra en prisión; no puede predicar: ¿qué hará? Como no puede predicar, entonces se
dedicará a leer. Es lo mismo que leemos de los antiguos pescadores y
sus botes. Los pescadores habían abandonado los botes. ¿Qué estaban haciendo?
Estaban remendando sus redes. Entonces, si la providencia te ha puesto sobre un
lecho de enfermo, y no puedes dar tu clase; si no puedes estar trabajando para
Dios en público, remienda tus redes
por medio de la lectura. Si una
ocupación te es quitada, escoge otra, y que
los libros del apóstol te den una lección de diligencia. Pablo dice: “mayormente los pergaminos.” Yo pienso que los libros eran
especialmente obras latinas y griegas, pero que los pergaminos eran orientales;
y posiblemente eran los pergaminos de
la Santa Escritura; o con la misma probabilidad, eran sus propios
pergaminos, en los que estaban escritos los originales de sus cartas que están
en nuestra Biblia como las Epístolas a los Efesios, a los Filipenses, a los
Colosenses, etcétera.
Ahora, debe ser “mayormente los pergaminos” con toda nuestra lectura; que sea
mayormente la Biblia. ¿No le das ningún peso a este consejo? Este
consejo es más necesario ahora en Inglaterra que casi en cualquier otro tiempo,
pues el número de personas que lee la
Biblia, yo creo, se está reduciendo cada día. Las personas leen los
puntos de vista de sus denominaciones según son expresados en las publicaciones
periódicas; leen los puntos de vista de su líder conforme son expresados en sus
sermones o en sus obras, pero el Libro, el
viejo y buen Libro, el divino manantial del que brota toda la revelación, es
demasiado frecuentemente abandonado. Ustedes pueden acudir a charcos
humanos, hasta abandonar el arroyo claro como el cristal que fluye del trono de
Dios. Lean los libros, por todos los
medios posibles, pero mayormente los pergaminos. Escudriñen la literatura
humana, si quieren, pero mayormente permanezcan firmes guiados por ese Libro
que es infalible, la revelación de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. LA BIBLIA.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario